Cronoboros: arquitectura para sentir el tiempo

Arquitectura más allá de la razón

El Pabellón El Eco 2020: Cronoboros, de TANAT, retoma el espíritu del Manifiesto de la Arquitectura Emocional de Mathias Goeritz, publicado en 1953. El Museo Experimental El Eco fue concebido por Goeritz como un espacio capaz de provocar sensaciones más allá de la lógica funcional, integrando arquitectura, escultura, pintura, danza, música y poesía. Desde esta perspectiva, Cronoboros explora la transformación y la temporalidad como parte de la experiencia humana.

Un paisaje hecho de reflejos

La intervención convierte El Eco en un espejo de agua y piedras donde los muros, la torre y elementos del entorno como la jacaranda, el cielo y el sol, aparecen reflejados. El movimiento del viento también se hace visible a través del agua, mientras los reflejos modifican continuamente la percepción del espacio. La instalación plantea así una relación entre aquello que permanece y aquello que cambia, haciendo del agua un elemento activo dentro de la composición.

Una forma que cobra vida

En el centro del espejo de agua se encuentra un montículo de dos metros de altura formado por cientos de piedras. Su silueta evoca el gesto de tomar arena y dejarla caer lentamente, pero su apariencia estática cambia cuando un cuerpo lo recorre. Durante la performance de Galia Eibenschutz, los movimientos repetitivos en espiral transforman la superficie de piedra, agua y tierra, evocando la figura cíclica de la serpiente y dejando huellas que desaparecen con el tiempo.

El visitante también construye

Cronoboros adquiere su sentido completo mediante la participación de quienes lo recorren. Entrar al agua, caminar entre las piedras o interactuar con sus elementos modifica el espacio y genera una experiencia lúdica y colectiva. Cada cuerpo produce una transformación, consciente o involuntaria, y la repetición de estas acciones construye una nueva topografía. El lago, las piedras y los reflejos adquieren distintas formas y significados conforme son habitados.

Huellas que cuestionan el camino

La obra plantea finalmente una reflexión sobre la huella de nuestras acciones. Caminar implica reaccionar, transformar y dejar algún rastro, incluso cuando este sea efímero. Cronoboros utiliza esa condición para cuestionar el impacto de cada intervención: toda transformación puede dar origen a algo nuevo, pero también modificar o destruir lo existente. El pabellón convierte así el recorrido en una oportunidad para pensar qué caminos se construyen y cuáles serán los siguientes pasos.

Referencia: https://www.archdaily.com/1185654/pabellon-el-eco-2020-cronoboros-tanat

Compartir:

Estudio Lofft