El Polideportivo Municipal de Altza parte de una preexistencia que se transforma para responder a nuevas dinámicas urbanas. Aprovechando elementos estructurales del edificio anterior, el proyecto reorganiza el conjunto para liberar espacio público y generar una nueva plaza de acceso que articula actividades deportivas y recreativas al aire libre.

Organización clara y eficiente
El edificio concentra su programa en un volumen compacto que optimiza recorridos y simplifica la experiencia del usuario. Una banda longitudinal organiza los servicios y permite flexibilidad en el uso de los espacios, mientras que las circulaciones se resuelven de forma intuitiva, facilitando la conexión entre áreas deportivas, zonas de espectadores y servicios complementarios.

Sección como herramienta de diseño
La estrategia espacial se define a través de la sección, donde los distintos niveles permiten una distribución lógica y eficiente. El acceso intermedio conecta de forma directa con las principales áreas, reduciendo desplazamientos y mejorando la funcionalidad del conjunto. Al mismo tiempo, el diseño del terreno y las gradas integra el edificio con el espacio exterior sin necesidad de barreras físicas.

Luz, estructura y control climático
La cubierta se resuelve mediante grandes vigas metálicas que incorporan lucernarios orientados al norte, permitiendo una iluminación natural homogénea en la pista. Elementos como voladizos y retranqueos contribuyen al control térmico, mientras que la ventilación y la relación con el exterior optimizan el confort interior, generando espacios luminosos y eficientes.

Escala urbana y experiencia colectiva
El proyecto equilibra la dimensión del equipamiento con la escala del barrio, integrando espacios deportivos, áreas exteriores y zonas de convivencia. Más que un recinto cerrado, el polideportivo se plantea como una extensión del entorno urbano, donde la actividad física y la vida cotidiana se entrelazan en un mismo escenario.

Fuente: www.archdaily.mx






