Una vivienda que crece desde lo existente

Crecer sin borrar el pasado

En las afueras de Teherán, ZAV Architects transforma una antigua villa de fin de semana en una vivienda permanente sin recurrir a la demolición. El edificio original, diseñado por el arquitecto iraní Firouz Firouz, se conserva como punto de partida y se amplía para responder a las nuevas necesidades de sus habitantes. La intervención incorpora además tres parcelas de huerto adquiridas por los propietarios, extendiendo la vivienda hacia un paisaje que ya formaba parte del lugar.

Una ampliación que nace del edificio

La nueva arquitectura no busca imitar la villa existente ni separarse de ella. Parte de su lógica espacial y constructiva, mantiene su carácter material y sus técnicas de construcción, pero introduce una geometría distinta. El resultado funciona como un injerto arquitectónico: las nuevas necesidades se incorporan al cuerpo original y generan nuevas ramas que parecen crecer de él de manera gradual.

De la geometría a la fluidez

La estructura ortogonal de la villa se transforma en un sistema de bóvedas curvas e interconectadas. Los volúmenes se superponen, se deslizan y reducen progresivamente su altura, creando una secuencia continua entre lo existente y lo nuevo. Esta transición hace que el límite entre ambas etapas sea difícil de percibir a primera vista, reforzando la idea de un edificio que evoluciona en lugar de simplemente ampliarse.

El color también cuenta el cambio

La sensación de crecimiento se acentúa mediante una progresión cromática. El color sólido de la construcción original se desplaza hacia un espectro que se extiende desde su centro hasta las nuevas formas. Cada segmento parece representar una etapa dentro de la transformación del edificio, mientras que la disposición superpuesta de las bóvedas permite el ingreso de luz natural desde las cubiertas y los muros, generando distintas atmósferas interiores y formas de experimentar el jardín.

Vivir en relación con el huerto.

Los nuevos espacios habitables se ubican en las áreas libres de árboles y, en determinados puntos, envuelven partes del huerto, convirtiéndolo en un componente activo de la vivienda. Así, el paisaje deja de ser únicamente una vista desde el interior y se incorpora a las actividades cotidianas. Habitar, desplazarse, cuidar y cosechar forman parte de una misma experiencia doméstica, donde arquitectura y naturaleza permanecen en constante relación.


Referencia: Casa Gelareh / Arquitectos ZAV | ArchDaily

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