Ubicada en las colinas de Esauira, Marruecos, la villa DDAR es un testimonio de la armonía entre lo rústico y lo moderno. Diseñada por el arquitecto Othmane Bengebara junto al propietario, esta estructura no es un objeto estático, sino un habitáculo dinámico destinado al intercambio cultural. Su construcción, basada en métodos ancestrales y formas vernáculas, le otorga un carácter escultórico que parece haber emergido de forma natural desde el terreno.
Autonomía y Simbiosis con el Paisaje Marroquí
El proyecto se despliega sobre diez hectáreas de relieve salvaje, enfrentando el reto de ser una vivienda autosuficiente. DDAR opera totalmente fuera de la red (off-grid) mediante energía solar y una gestión hídrica inteligente. Su diseño bioclimático aprovecha techos altos para la evacuación del calor y aperturas estratégicas que canalizan la brisa marina, permitiendo que la casa «respire» al ritmo de su entorno.
Materialidad Táctil y Maestría Artesanal
La esencia de la villa reside en su respeto por el origen. Se utilizaron enlucidos de tierra y cal para un aislamiento térmico superior, junto con técnicas tradicionales como el tadelakt y tierra compactada. La madera de tuya y eucalipto, tallada por carpinteros locales a menos de dos kilómetros, y la forja manual de los herreros de la región, dotan a la casa de una calidez única y una profunda relevancia cultural.
Interiores para la Introspección y el Encuentro
En el interior, el diseño busca la conexión humana y el descanso. Destaca la sala de estar con una chimenea hundida, un espacio protector que sitúa al habitante a la altura de los ojos con el paisaje exterior. Esta disposición arquitectónica invita a reducir la velocidad del día a día, fomentando la interacción y una reconexión genuina con la naturaleza circundante.
Colaboración Creativa: Un Puente Cultural
Más que una residencia, DDAR es un laboratorio artístico. El proyecto integra piezas de diseñadores marroquíes contemporáneos, desde muebles de Younes Duret hasta cerámicas de Khalid Bouaalam. Esta narrativa se enriquece con objetos de diversas regiones de África y Europa, consolidando a la villa como un punto de encuentro entre la memoria del Magreb y el diseño global.
La Belleza de la Imperfección y la Autenticidad
DDAR se consolida como un ecosistema arraigado en la creación colectiva y la resiliencia de la artesanía. Al rechazar la estandarización industrial, el proyecto celebra la inteligencia de las tradiciones locales y el rendimiento ecológico. Es un hogar con historia propia que redefine el lujo a través de la autenticidad, la sostenibilidad y el respeto absoluto por la tierra que lo sostiene.
Conclusión:
La villa DDAR es una lección de arquitectura consciente donde la sostenibilidad no es una característica añadida, sino el alma del proyecto. Al fusionar la sabiduría de los artesanos locales con una visión artística contemporánea, la obra logra una autenticidad rústica que trasciende el tiempo. Es, en esencia, un refugio que no solo habita el paisaje, sino que lo honra y lo preserva para las generaciones futuras.
Fuente: www.archdaily.mx



